Beata Crescencia Pérez

BEATA HNA. MARÍA CRESCENCIA PÉREZ (Religiosa del Huerto)

Nuestra Beata experimentó que el Señor que la llamó desde muy temprana edad, llenó su vida de exquisitos medios de santificación, que la hicieron sentir profundamente agradecida a Dios y en la clara necesidad de responder, con todo su amor, a tanto amor divino. Aquí está la clave de la santidad: Experimentar el Amor de Dios, lo cual es una gracia que Dios quiere conceder a todos, y que luego sea posible responderle, obedeciendo siempre como Jesús al Padre, hasta dar la vida, solamente por amor.

Eso ocurrió con Crescencia. Dios la sedujo, la hizo su hija en el Bautismo, alimentó su vida en la Gracia de los Sacramentos, «la llevó al desierto y le habló al corazón.» Ella escuchó en forma creciente esa dulce y penetrante voz, y sólo pudo decir como María: «Sí»; «hágase en mí Tu Palabra.» No fabricó la santidad ni la realizó a su manera.

Viviendo en intimidad con el Padre, se configuró con Jesucristo, en todo, bajo la directa acción del Espíritu Santo, que la llevó a la perfección. Sólo Dios nos puede hacer santos; nosotros ni siquiera podemos desear la santidad si el Espíritu no acude en ayuda nuestra, pues «No sabemos orar como conviene.»

La Gracia de la santidad está a disposición nuestra y siempre; de otro modo, Dios no nos podría pedir la santidad. El secreto de esta meta que a la vez es camino, consiste en el total abandono en las manos del Padre, para que El nos haga hijos con la Gracia operante del Espíritu. Los santos nos enseñan con su vida. El gran mensaje de su santidad lo dio con su vida silenciosa… sin palabras. (P. Carlos Pérez)